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Doña Libia: Una Madre Luriganchina Centenaria

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Se acerca el atardecer, la luz del sol está apunto de ocultarse y la capital de nuestro distrito, -El Pueblito- en sus más de cuatrocientos años de vida guarda dentro de sus apacibles calles, una serie de historias y personajes… personajes que son tesoros vivos…

El nombre de Doña Libia Arias probablemente no le suene a la gran mayoría de los que vivimos en San Juan de Lurigancho, ¿Quien es esta dama que tan galantemente lleva sus 98 años bien puestos y con una sonrisa que hace ver que nuestra casi centenaria mamá luriganchina se mantiene jovial y alegre aunque pasen los años…

Ella es la mamá más longeva, nacida en suelo luriganchino.  Hablar con Doña Libia es escuchar una serie de anécdotas cada una mas interesante que la anterior, que nos transporta en el tiempo… a un tiempo donde San Juan de Lurigancho era muy diferente a la actualidad… una zona llena de chacras que eran parte de la red de haciendas que se encontraban alrededor de la ciudad de Lima. La actividad económica principal de la población de San Juan de Lurigancho era la agricultura.

Su memoria esta intacta y lo recuerda todo…

“Mi padres era de Chincha y mi mamá era de Chancay. Juan de Dios Aparicio era mi abuelito, papá de mi mamá , el tenía chacra mi abuelito en Chancay . Mi mamá fue hija única , mi abuelita murió cuando mi mamá solo tenía 9 meses de nacida. Se queda con su papá, mi abuelo, mi abuelito vendió toda la chacrita que tenía y vino acá con mi mamá chiquita a Chancay, allí estuvo hasta los 6 años… de alli vinieron a Lima por “vapor”, no había carretera…ella vino a los 6 años aquí a Lima a Ate. En Ate allí estaba una señora Maria Zamudio, era una lomera gruesa (es decir que tenía mucho ganado) alli se vino para trabajar acá con mi mamá chiquita.

La sonrisa de Dona Libia se ensancha al recordar que ella viene de una familia aficionados a la música, donde ella los días de fiesta cantaba hermosos valses criollos.

Las mujeres de Lurigancho siempre fueron parte importante de la economía familiar y del desarrollo social. Las madres del Valle de Lurigancho, como nos cuenta la Sra. Libia, no solamente cocinaban el almuerzos para sus maridos para recuperar fuerzas después de una jornada laboral agotadora, sino que muchas de ellas vendían productos hechos en casa que ofertaban los días festivos o se quedaban ayudando a sus maridos para terminar más rápido la cosecha del algodón.

Se quedan muchas cosas en suspenso pero realmente la Sra. Libia es un libro abierto, un tesoro vivo que merece ser recordada en este mes de las madres.