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El fracaso promisor en El paraíso en la otra esquina de Mario Vargas Llosa

La búsqueda de la felicidad en El paraíso en la otra esquina de Mario Vargas Llosa

El talento de Mario Vargas Llosa se aprecia en El paraíso en la otra esquina, novela de tinte histórico y biográfico, marcadamente artístico donde se narra intercaladamente aspectos de la vida de la gran Flora Tristán y su nieto, el pintor moderno Paul Gauguin, personajes del siglo decimonónico muy admirados por el Nobel peruano. Para adentrarme en esta novela tuve que leer Peregrinaciones de una paria (1838, memorias de viaje, donde se anticipa el carácter revolucionario, feminista, justiciero de su autora) y apreciar el bello colorido de las pinturas postimpresionistas de Koke.

Los capítulos impares narran las hazañas que realizó Madame-la-Còlere, Flora Tristán, en sus últimos años de vida, en los que se las pasó arengando por la Unión Obrera (su programa socialista) los derechos reclamados para los obreros de las grandes fábricas de Europa, donde trabajaban en condiciones ínfimas y deplorables, peor que animales. Existen varios pasajes donde los dueños de las industrias menosprecian el trabajo de sus obreros y la labor justiciera de Flora Tristán, que es víctima de malos tratos y advertencias de persecuciones de la policía. Hay partes de su vida privada también, como la lucha que tuvo con su esposo André Chazal para liberarse de ese matrimonio tan odiado, la muertes de dos de sus hijos, y una relación lesbiana (recuérdese cierta obsesión vargasllosiana con el amor homoerótico en sus personajes). Como siempre, la ficción sirve para completar, dulcificar, pintarrajear los vacíos de la historia; supongo los investigadores darán crédito de la autenticidad, aunque importa poco, pues, como dice Julio Ramón Ribeyro en sus famosas Prosas apátridas, el crítico trabaja con conceptos mientras que el artista de la palabra con formas.

Los capítulos pares están dedicados al artista puro, si se le puede llamar así, Paul Gauguin, conocido como Koke, y amigo de grandes artistas como el Holandés Loco (Vincent Van Gogh) o Emile Bernard. Descubrió la necesidad del arte ya adulto, a sus treinta años, ya casado y con hijos, y aprovechó la crisis francesa de los bancos para dejar su cómoda vida como agente de bolsa (trabajo conseguido gracias a su padre, un periodista rico, que se enamoró de la pobre Aline Marie Chazal) y así dedicarse de lleno a la pintura. Gran amante de lo natural, ya en la naturaleza y en las culturas, viaja a Tahití y luego a las Islas Marquesas, buscando la verdad y la felicidad del arte. Se inspira en el sexo, el amor, escenas extravagantes, para así crear obras de arte, que nacen en situaciones de epifanía.

Grandiosa novela, explora personalmente la psicología de esos dos grandes espíritus, encauzados en utopías que al final se disuelven con la acritud de la muerte en situaciones desfavorables, como la gran metáfora de la rebelión y su derrota en tiempo pasado, origen de un futuro promisor.

 

Francois Victor Villanueva Paravicino

Escritor peruano (Ayacucho, 1989). Bachiller en Literatura por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). Finalista del I Concurso Iberoamericano de Relatos BBVA-Casa de América “Los jóvenes cuentan” (2007). Textos suyos aparecen en la antología Recitales “Ese Puerto Existe”, muestra poética 2010-2011 (2013). Ha publicado el libro de relatos Cuentos del Vraem (2017) y el poemario El cautivo de blanco (2018). Tiene diversas publicaciones literarias en antologías, revistas y diarios. Actualmente cursa la Maestría en Escritura Creativa de la UNMSM.