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¿Por qué El túnel es una lectura imprescindible?

el tunel

Juan Pablo Castel es uno de los personajes existencialistas más originales de la literatura hispanoamericana del siglo XX. Su existencialismo radica en el hastío y acaso rencor que siente por los demás, seres totalmente indiferentes a su sentir, a su propia metafísica. Junto a Roquentín (La náusea, 1938-versión definitiva), o François Besson (El diluvio, 1966), su complejidad psicológica parece bullir en patologías de artista incomprendido, que tiene sus propios límites y conceptos sobre la vida y el arte, que siente su propia cárcel como la mitad de un sufrimiento compartido.

Es cierto, María Iribarne es el complemento de Juan Pablo Castel, su media naranja, como también es su propia antinomia, su alteridad más radical, pues bien ambos se aman, se desean; asimismo, se destruyen, se atacan, se odian, son así un conjunto disjunto. Juan Pablo representa al artista, y María Iribarne el público crítico; existe en primera instancia una empatía envidiable, una comprensión orgánica, que luego se desencadena en la fenomenología más trascendental del arte: vida y muerte, Eros y Thanatos, sonido y escritura. Así como María Iribarne es una mujer apasionada, casi insaciable, el signo más fértil de vitalidad; Juan Pablo Castel es su más profundo juez y su más desaforado amante.

Esta generalidad teórica que me hace reflexionar la relectura de El túnel (1948) sólo es posible a la gran virtualidad de la novela sobre el verdadero artista (aquel gran amante y más heterodoxo entendedor de la existencia humana) que siente en su obra una parte íntima muy fundamental en su propia vida, que relega todos los planos de la realidad al principio esencial de la creación. Contradictoriamente, este artista huraño siente desprecio por las conversaciones eruditas, quizás por su hipocresía, su superficialidad, su falta de profundidad, su somera interpretación, claramente explícito en la escena de Hunter conversando con su amiga delante de Juan Pablo Castel mientras este espera que aparezca su amada. En efecto, la novela también se puede leer en un código romántico, pero romántico a la vanguardia. Fácil de leer, es ya un canon de la literatura latinoamericana del siglo XX.

 

Francois Victor Villanueva Paravicino

Escritor peruano (Ayacucho, 1989). Bachiller en Literatura por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). Finalista del I Concurso Iberoamericano de Relatos BBVA-Casa de América “Los jóvenes cuentan” (2007). Textos suyos aparecen en la antología Recitales “Ese Puerto Existe”, muestra poética 2010-2011 (2013). Ha publicado el libro de relatos Cuentos del Vraem (2017) y el poemario El cautivo de blanco (2018). Tiene diversas publicaciones literarias en antologías, revistas y diarios. Actualmente cursa la Maestría en Escritura Creativa de la UNMSM.