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¿Por qué leer “La luna se ha puesto” de John Steinbeck?

Luna

John Steinbeck es uno de los grandes novelistas que Norteamérica vio nacer en los albores del siglo XX. Eso lo tuve bien en claro desde que leí en el 2010, alentado por La verdad de las mentiras de Mario Vargas Llosa (mi libro de cabecera desde el 2007), Al este del edén y que me inspirara escribir La deuda, aquel relato de Cuentos del Vraem que me demoró unos días y que recuerdo muy bien su proceso de escritura, primero en papel y luego digitalizado. Aquella novela total y colosal, inspirada en la historia de Caín y Abel de la Biblia, me deslumbró porque tenía también como personaje central a una mujer pública cuya historia se parecía a las que había escuchado en la selva.

Las segundas lecturas que tuve de él fueron Los crisantemos, el libro de relatos que lo puso en un pedestal interesante ante la crítica americana por trabajar muy bien la prosa y el contenido de protesta social (especialmente en el cuento de los sindicalistas), y luego Tortilla Flat, una parodia de la amistad al estilo bucólico de la literatura griega que me hizo soltar varias risotadas. Entre ellas, estaba La luna se ha puesto, que también causó una buena y fuerte impresión en mí.

La luna se ha puesto es una novela breve, concisa, con detalles y lujos estilísticos en su prosa que embellecen el relato. Una historia que critica las injusticias que se cometen durante una guerra y de lo absurdo de ésta, donde no existen vencedores ni vencidos y sí dramas individuales de las personas que luchan entre sí, sin saber la mayoría de las veces el porque de dicha situación. Una novela corta pero de gran carga crítica, muy recomendable. Se aprecia mucho la ironía implícita del autor en destacar la dicotomía bélica de vencedores y vencidos, pues ambos son un ente que interactúan y se corresponden, pues mientras los unos sufren, los otros también sienten dolor y amargura, miedo y recelo de vivir.

Concebida ante las batallas dogmáticas y los peligros bélicos de su centuria, esta nouvelle desarrolla la inflexible atmósfera de un pueblo recién ocupado por unos invasores. En un período indeterminado, un pueblo sin ubicación definida y una tropa militar invasora sin bandera efectúan una lucha curiosa y emblemática. Es el drama de unos colonialistas que se saben derrotados, que pueden asesinar pero no triunfar verdaderamente, que se agobian ante una exasperada contrariedad, el supuesto sometimiento, la implícita oposición y, finalmente, la defensa violenta y lenta de un pueblo que se considera independiente. La luna siempre vuelve a salir para los pueblos que resisten, nos dice el autor, mediante una escritura épica que se vuelve contundente en su propia sencillez. Por otro lado, se hace referencias a Estados Unidos, Inglaterra y Rusia, pero no se dice nada concreto del pueblo anónimo invadido o del ejército transgresor.

Entre los personajes destacan el coronel Lanser, el capitán Loft, el capitán Bentick, y Tonder, y Prackle, del bando de los conquistadores; el Intendente, el doctor Winter, Madame, el mayordomo Joseph, Annie, y Molly Morden, del grupo de los vencidos. La novela comienza con la ocupación del pueblo, y termina con el pueblo ocupado también, en un estado pre-revolucionario. La novela consta de ocho capítulos. Es una buena novela corta, que aborda la guerra con mucha expectación, y su importancia reside en que lo bueno breve, dos veces bueno.

 

Francois Victor Villanueva Paravicino

Escritor peruano (Ayacucho, 1989). Bachiller en Literatura por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). Finalista del I Concurso Iberoamericano de Relatos BBVA-Casa de América “Los jóvenes cuentan” (2007). Textos suyos aparecen en la antología Recitales “Ese Puerto Existe”, muestra poética 2010-2011 (2013). Ha publicado el libro de relatos Cuentos del Vraem (2017) y el poemario El cautivo de blanco (2018). Tiene diversas publicaciones literarias en antologías, revistas y diarios. Actualmente cursa la Maestría en Escritura Creativa de la UNMSM.