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¿Qué pasajes de Naná de Zola resaltan a su protagonista central?

NANÁ

Ensalzado y defendido encarecidamente por André Gide, Jean Conteau, Thomas Mann, Gorki, Dos Passos, Clarín, Pardo Bazán, Blasco Ibáñez, entre otras decenas de grandes escritores, Emile Zola es el maestro y forjador de la novela naturalista, que le llevó primero a la fama con La taberna y que después alcanzaría la cumbre con Naná, obra que narra los vicios, las pasiones, las bajas costumbres de la sociedad francesa del siglo XIX, encarnada en su personaje epónimo a quien incluso el narrador compara particularmente con la tierra de Víctor Hugo, Flaubert y Stendhal.

Al enfocarse en el lado negativo de ciertas personalidades de Francia, su lectura siempre provechosa enseña que, como dijo George Bataille en La literatura y el mal, los escritores que recrean, profundizan, y estudian la maldad de los hombres son los más grandes moralistas. Emile Zola ha dotado con maestría a su personaje de belleza física casi subliminal, pero también de los más grandes defectos: lujuria, avaricia, egoísmo. Así como su presencia crea amor, su consumación destruye, aplasta y mata.

He podido transcribir ciertos pasajes de la novela que ayudan a moldear el aspecto y la personalidad de la protagonista central. He aquí ellas:

– “Y Naná, en presencia de aquel público subyugado, de aquellos mil quinientos espectadores hacinados, anegados en el abatimiento y en el desorden nervioso de un final de espectáculo, permanecía victoriosa con su carne de mármol”.

– “Aquel mundo del teatro prolongaba el mundo real”.

– “Muffat la contemplaba. Aquella mujer le daba miedo. El periódico se le había caído de las manos. En este momento de visión neta, se despreciaba a sí propio. Así era: en tres meses, Naná había corrompido su vida. Todo iba a descomponerse en él ahora. Por un momento tuvo conciencia de los accidentes del mal, vio la desorganización aportada por aquel fermento: él, envenenado; su familia, destruida; un rincón de sociedad que crujía y se hundía. Y no pudiendo desviar los ojos, la miraba fijamente y procuraba saciarse con el asco de su desnudez”.

– Hay una frase que suelta Naná con su amante el conde Muffat: “Las mujeres, tanto la más encopetadas, como las más bajas, todas valen lo mismo, sí, todas son lo mismo”.

– “Así, pues, cuando Naná hablaba gravemente, decía: ‘No existe ya la virtud’. Porque, desde los más encopetados, hasta los más bajos, todos se revolcaban en el mismo cieno”.

– “Había estado leyendo, por la mañana, una novela que metía gran ruido: la historia de una cortesana, y se encolerizaba, diciendo que todo aquello era falso, manifestando, además, viva repugnancia, indignada contra esa literatura inmunda, cuya pretensión era pintar la naturaleza. ¡Como si se pudiese mostrar todo! ¡Como si una novela no hubiese estar escrita para pasar una velada agradable!”

-“¡Viva Naná!¡Viva Francia!¡Abajo Inglaterra!”

-“Aquella clásica velada de la locura reunía a toda la juventud galante, una sociedad selecta acanallándose en una brutalidad y en una imbecilidad de lacayos”.

-“Naná soñaba un lecho como jamás existiera, un trono, un ara donde París entero vendría a adorar su desnudez soberana. Sería todo de oro y plata…”

-“Entonces Naná, inmediatamente, comenzó con La Faloise. Este andaba postulando desde hacía tiempo el honor de ser arruinado por ella, a fin de llegar a la cúspide del chic”.

-“Una atroz lujuria la descomponía, la impelía a la más delirantes fantasías”.

-Existe una frase memorable que dice Naná a Labordette, y reza así: “¡Esto no es justo! La sociedad está mal hecha. Se acusa a las mujeres, cuando son los hombres quienes exigen demasiado”.

-Finalmente, los últimos párrafos de la novela son crudelísimos. Un naturalismo descarnado, al rojo vivo, palpitante, es la pincelada final de esta obra magnífica, tan fresca y vital como una lechuga recién enjuagada.

 

 

Francois Victor Villanueva Paravicino

Escritor peruano (Ayacucho, 1989). Bachiller en Literatura por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). Finalista del I Concurso Iberoamericano de Relatos BBVA-Casa de América “Los jóvenes cuentan” (2007). Textos suyos aparecen en la antología Recitales “Ese Puerto Existe”, muestra poética 2010-2011 (2013). Ha publicado el libro de relatos Cuentos del Vraem (2017) y el poemario El cautivo de blanco (2018). Tiene diversas publicaciones literarias en antologías, revistas y diarios. Actualmente cursa la Maestría en Escritura Creativa de la UNMSM.