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IDENTIDAD Y RESILIENCIA

dentro de la cabeza de hombres y mujeres

IDENTIDAD Y RESILIENCIA[1]

Wílmer Mejía Carrión (Antropólogo)

Identidad recortada

El Perú ha pasado por diversos procesos sociales, continuidades y rupturas. La diversidad cultural ha estado siempre presente desde el principio de nuestra historia. El Tahuantinsuyo fue una nación multiétnica que agrupo a un conjunto de naciones, aunque hermanadas, muy distintas entre sí. La invasión española no acabó con estas diferencias sino que más bien se transformaron. La diversidad cultural sigue siendo una realidad vigente hasta la actualidad[2].

Si bien es cierto que la época prehispánica existían conflictos y rivalidades entre etnias, que muchas veces daban resultado a conflictos de todo tipo el racismo y la discriminación tal como existen en nuestra sociedad actual es una herencia directa de la organización social del virreinato. El año en que se produjo la independencia del Perú, 1821 , la  mayoría de peruanos hablábamos una diversidad de idiomas originarios; era la oportunidad de que el Perú tomara un rumbo diferente y sanará sus heridas y es que, si bien es cierto, la corona de Castilla durante el Virreinato, brindó un marco legal que protegió al indígena, al mismo tiempo los trató como inferiores, seres subordinados, incapaces de manejarse por sí mismos, donde los idiomas originarios solo tenían cabida para aislar y dominar. El Perú independiente heredó muchos apegos a la discriminación y exclusión de los grupos que hablaban estos idiomas así pues La República heredó una visión en donde estos grupos -que eran la mayoría- fueron considerados como el atraso, un lastre para el desarrollo del país, así se mantuvo el castellano como el idioma oficial dejando a un lado a la mayoría de la población del Perú. Se valoró al indígena histórico más no al indígena real y contemporáneo[3].

La identidad ha sido definida de diversas maneras por las diferentes disciplinas sociales, tomaremos el concepto de Gilberto Jiménez:

“…la primera función de la identidad es marcar fronteras entre un nosotros y los “otros”, y no se ve de qué otra manera podríamos diferenciarnos de los demás si no es a través de una constelación de rasgos culturales distintivos. (…) la identidad no es más que el lado subjetivo (o, mejor, intersubjetivo) de la cultura, la cultura interiorizada en forma específica, distintiva y contrastiva por los actores sociales en relación con otros actores” (Giménez, 2011, las negritas son nuestras)

La identidad es pues lo que somos, lo que comemos, lo que hacemos, lo que pensamos es la materialización de nuestra cultura.

Podemos entender la importancia de esta definición que en nuestro día a día se viene perfilando en los tejidos relacionales, en nuestras referencias y pensamientos autorreferenciales.

Así pues la identidad es parte de nuestro ser cotidiano, no es algo que solamente se saca a relucir en fiestas o días especiales, está con nosotros todo el tiempo  Buscamos llevar a la reflexión de este concepto que señala un fenómeno que en el día a día se viene dando y que muchas veces para el desarrollo de una identidad propia no tomamos en cuenta que ésta debe tener como pieza clave y fundamental lo andino/amazónico.

Estamos invadidos un constante bombardeo de publicidad que refuerza el constante desprecio por nuestras culturas originarias, una polarización entre lo autóctono y lo extranjero esto nos hace perder el horizonte de lo que somos: una mixtura, una fusión de naciones en las que cada uno aporte una forma de ver e interpretar la realidad y sobre ella construye en base de sus necesidades formas de vida que muchas veces no viven sino sobreviven.

Si bien es cierto legalmente y públicamente se habla de respetar la diversidad cultural sin embargo en lo cotidiano esto no se da.

Un ejemplo:

En las entrevistas de consultoría psicológica en un barrio donde hay un gran porcentaje de personas de origen andino llego al consultorio una mejor de 60 y tantos años; cuando se le pregunta por sus datos generales, por su nivel de instrucción ella niega que sabe, “ no tengo formación –dice, con cierto matiz de vergüenza-“, luego se le hace saber que tiene un conjunto de saberes que no están dentro de la academia pero que son muy importantes tales como el cultivo de la papa , la maracuyá entre otros y que ella no lo siente importante porque los precios a los cuales ella los vende, en sus constantes exposiciones en el mercado ningunean su esfuerzo. Esa constante negación de su trabajo la hace desvalorizar su trabajo, vive en  un medio que no siente que es parte, no se siente incluida, su saber es menospreciado y por ende ella se siente menos, es afectada en su autoestima[4].

RESILIENCIA

Es difícil definir la resiliencia, un modo fácil de entender a qué nos referimos cuando hablamos de ella como el fenómeno de desarrollo  exitoso de una persona bajo condiciones adversas.  (Braveman en Becoña, 2006)

Así pues podemos decir que la resiliencia es la capacidad que tienen las personas frente a la adversidad de desarrollar la facultad de superarla y mejorarla, es decir crecer y crear en la adversidad.

Este concepto de resiliencia podemos aplicarlo no solamente a los individuos sino también a los grupos sociales, ya que la adversidad y las problemáticas no solo afectan a las personas como individuos sino también como colectivos.

Identidad como base de la resiliencia.

En el caso de nuestro país son los grupos de origen andino/amazónico los que han sufrido sistemática una serie de injusticias. Ahora bien, a la vez son estos grupos los que en base a mantener su identidad han tenido una capacidad de resiliencia efectiva que a pesar de haber sido menospreciados, estos han logrado sobrevivir en una ciudad que los ha maltratado, sus saberes tradicionales –aunque, en muchas ocasiones, arrinconados- continúan y son parte de su identidad en la cotidianidad.

Esta identidad les ha servido de sostén ante un mundo hostil que ha tratado de hacerlos a un lado. Sin embargo gracias a esta base identitaria es que han preservado su cultura, es decir la identidad ha sido la base de su resiliencia.

Uno se identifica con sus raíces cuando uno encuentra un sentido a una práctica cultural, el saber de dónde venimos alimenta nuestra autoestima generando el entendimiento de nuestros valores de nuestra historia de los saberes transmitidos por nuestras familias de origen provinciano, lo cual, a la vez, nos conecta a una comunidad, y esta conexión genera afecto, ternura,  cercanía.

Así pues el grupo y el individuo es resiliente cuando se acurruca frente a todos estos saberes a estas ternuras, esta herencia cultural  y puede desde allí enfrentar la adversidad.

En nuestro ambiente social hay un sentimiento de menosprecio que nos disminuye, que nos fractura no sólo socialmente sino también emocionalmente, porque hemos sido bombardeados por mensajes que somos menos por ser nosotros. Cambiemos eso y veamos que ser nosotros mismos con nuestros idiomas y saberes ancestrales es tener una riqueza y una base para nuestra inteligencia emocional.

 

[1] Aunque es de mi entera responsabilidad lo escrito en este artículo, debo agradecer a la psicóloga María Luisa Yalán ya que este texto no hubiera podido realizarse sin las largas e interesantes charlas interdisciplinarias que tuvimos acerca de este tema.

 

[2] La invasión española trajo una serie de cambios en las estructuras sociales y económicas a parte de la agresión a la religión de los diversos pueblos  andinos sin embargo la más grande transformación fue la tremenda baja demográfica, a causa de las enfermedades como la viruela y el sarampión. Ante todos estos hechos, la cultura andina no fue eliminada sino que tomando elementos culturales españoles y fue evolucionando de tal manera que lo andino actual es un conjunto muy variado de culturas que han fusionado lo español y lo indígena.

[3] Para una mayor amplitud de este tema: Méndez, C: 1993

[4] ¿Y qué hace el sistema de salud por esta mujer que nos nutre y que es heredera de saberes ancestrales, cultivo de palta, papa, etc., que nutre a los empresarios, a los políticos a los empleados y a los empleados del estado y a todos los habitantes urbanos? ¿Qué seria si todos los agricultores del Perú hicieran huelga? ¿Dónde se iría el mercado?

BIBLIOGRAFIA

Becoña, E. (2006). Resiliencia: Definición, características y concepto. Revista de psicología y patología clínica, 11(3), pp. 125-146

Giménez, G. (2003). La cultura como identidad y la identidad como cultura, México,  UNAM, Instituto de Investigaciones Sociales.

Méndez, C. (1993)  Incas sí, indios no. Apuntes para el estudio del nacionalismo criollo en el Perú, Lima, IEP

[1] Aunque es de mi entera responsabilidad lo escrito en este artículo, debo agradecer a la psicóloga María Luisa Yalán ya que este texto no hubiera podido realizarse sin las largas e interesantes charlas interdisciplinarias que tuvimos acerca de este tema.

 

[2] La invasión española trajo una serie de cambios en las estructuras sociales y económicas a parte de la agresión a la religión de los diversos pueblos  andinos sin embargo la más grande transformación fue la tremenda baja demográfica, a causa de las enfermedades como la viruela y el sarampión. Ante todos estos hechos, la cultura andina no fue eliminada sino que tomando elementos culturales españoles y fue evolucionando de tal manera que lo andino actual es un conjunto muy variado de culturas que han fusionado lo español y lo indígena.

[3] Para una mayor amplitud de este tema: Méndez, C: 1993

[4] ¿Y qué hace el sistema de salud por esta mujer que nos nutre y que es heredera de saberes ancestrales, cultivo de palta, papa, etc., que nutre a los empresarios, a los políticos a los empleados y a los empleados del estado y a todos los habitantes urbanos? ¿Qué seria si todos los agricultores del Perú hicieran huelga? ¿Dónde se iría el mercado?