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Qué plantea Ángel Rama en La ciudad letrada?

La ciudad letrada

 

Ningún libro de historia cultural de Latinoamérica me ha fascinado tanto como los ensayos de La ciudad letrada (Ediciones El Norte, 1984) del escritor y teórico Ángel Rama. Este libro en resumidas cuentas explica el génesis, el progreso, el desarrollo, la ideología, la literatura y la  política revolucionaria en nuestro hemisferio. Es una aventura intelectual apasionante en la búsqueda del ser en sí de los hispanoamericanos. Consta de seis capítulos y todos inquieren corresponderse a un determinando tiempo histórico de una larga evolución de nuestra cultura.

En la “la ciudad ordenada” nos advierte el autor que los conquistadores españoles, al dominar las tierras americanas, vieron en aquellos territorios la ciudad en que podrían crear una nueva sociedad y cultura más organizada, más ´ordenada´ que la sociedad medieval en la que vivían en Europa. Para eso necesitaron ideología que se estratificaba en los tres poderes máximos: la Iglesia, el Ejército, la Administración. Se buscaba la partida del orden social ideologizado hacia una realidad física. Por otro lado, Ángel Rama explica: “El sueño de un orden servía para perpetuar el poder y para conservar la estructura socio-económica y cultural que ese poder garantizaba”. Esto habría de crear la circulación de dos palabras trascendentales para comprender los principios de la Colonia: subordinar e insubordinar.

En la “La ciudad letrada” aparece un mecanismo de ideologización para poder lograr el desarrollo integral y orgánico de las Colonias: el mundo de los signos. Y el agente que poseerá este mecanismo de ideologización será ´la ciudad letrada´, que pertenecía en gran medida a una ortodoxia radical, disfrazada también en una burocracia incipiente, como también en la cátedra, el púlpito, el teatro, etc. ´La ciudad letrada´ era el agente intermedio entre la Monarquía, lo colonizadores y los colonizados. Esta ciudad letrada buscó también un poder autónomo, es decir, independizarse; que fue instigada factorialmente porque la escritura se volvería una segunda religión. Por otro lado, Ángel Rama diferencia entre la ciudad real y la ciudad letrada: “entre la sociedad como un todo y su elenco intelectual” respectivamente; de lo que la ciudad letrada es la única que puede ideologizar idealmente una sociedad cultural.

En “La ciudad escrituraria”, a través del signo escrito, la ciudad letrada buscó organizar con propiedad la sociedad latinoamericana de entonces, que es la consecuencia real de existir una ´ciudad letrada´. Esta sociedad de lectores-escritores se expandió no sólo a las humanidades, sino también a las ciencias. Esto creó una diglosia en la polis: una fue pública y de aparato, usada por los letrados y sus instituciones, y otra de corte popular y cotidiana usada por la plebe, que enriqueció, a través de fenómenos de trastornos, el idioma español. Un fenómeno particular de este período es el grafiti: usado por marginales rebeldes anónimos, cuyo lema “Pared blanca, papel de necios” es esencial. Otro punto de radical importancia entonces a parte de Libertad, era la de Educación; el debate se trasladó no al mismo acto de escribir, sino a cómo se debía hacerlo, cuyo personaje central es Andrés Bello. Existe una preocupación por la ortografía. Otro instigador de educación social fue Simón Rodríguez. En este contexto está Rousseau, el francés que aparte de predicar la educación para todos, también predicaba el enseñar el “arte de pensar”.

En “La ciudad modernizada” se amplía el sector de la ciudad letrada y con ella los cuestionamientos y opciones. Nos recuerda Ángel Rama que la letra apareció como una palanca hacia “el ascenso social, de la respetabilidad pública y de la incorporación de los centros de poder”. Sin embargo, existe una disidencia, pues el ascenso económico también ofrecía otros caminos; esto creó un pensamiento crítico, que se oficializa con la aparición de la Prensa, en sus diversas manifestaciones (pedagogas, amarillista, empresariales, etc.). Existe también una pugna entre oralidad y escritura, pues donde nace la escritura, muere la oralidad. Es decir, las campañas educativas para aprender a escribir ocultaba la importancia de la oralidad. La literatura cobra importancia como “un discurso sobre la formación, composición y definición de la nación”. Esto es visto como un triunfo de la ciudad letrada, que entonces empieza a dominar su contorno. En la página 97, Ángel Rama explica: “la escritura construyó las raíces, diseñó la identificación nacional, enmarcó a la sociedad en un proyecto”.

En “La polis se politiza” se revela la introducción de Latinoamérica al Mundo, con su nueva imagen de América Latina. El siglo XX, recuerda Ángel Rama, transcurre de crisis en crisis, de agitación en agitación, como lo demuestra la polis politizada de los primeros años del siglo. Un papel importante cobran los ideólogos, no sólo los intelectuales ensayistas, sino también los artistas. El caso del periodismo es trascendental, pues da un ambiente independiente a los intelectuales del pensamiento opositor, lo que significa que el pensamiento crítico está más aguzado.

En “La ciudad revolucionada” el autor pone énfasis en los casos de las Repúblicas de Uruguay, México y Cuba, que representan los fenómenos revolucionarios en su dialéctica. Existe una ola democratizadora en todos los países de Hispanoamérica que buscará en el poder servir al pueblo. Sin embargo, nunca se vio la imagen de la política tan defenestrada: se le mira corrupta (como se ve el caso de Manuel González Prada). Hay ventaja sobresaliente para los nacionalistas, que poseen un mayor acceso a la sabiduría universal particularmente, pero que pecaba de intransigente al tratar, perezosamente, de oponerse a cualquier conocimiento extranjero, aunque esto es dudoso por la influencia europea marxista de la época. La educación popular más nacionalismo puede traducirse sin más en la democracia latinoamericana, nos dice Ángel Rama. También se razona sobre las “dictaduras ilustradas” y las “bárbaras”, cuya diferencia radica en la participación de la intelectualidad que existe en ellas. En la página 152, se aprecia: “Estos tres rasgos (baluarte ideológico, democracia organizativa, solidaridad nacional) definen a los nuevos partidos”. Es interesante esta categorización laica. Otras categorías que utiliza Rama es la del autodidactismo y el profesionalismo en la participación de los intelectuales. En el caso del Perú, intelectuales como Mariátegui y Valdelomar son los autodidactas, y Riva Agüero y Luis Alberto Sánchez son los profesionales. Un punto final que toca Rama, es la participación del intelectual en la revolución, y lo metaforiza bien el libro Los de abajo de Mariano Azuela.

 

Francois Victor Villanueva Paravicino

Escritor peruano (Ayacucho, 1989). Bachiller en Literatura por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). Finalista del I Concurso Iberoamericano de Relatos BBVA-Casa de América “Los jóvenes cuentan” (2007). Textos suyos aparecen en la antología Recitales “Ese Puerto Existe”, muestra poética 2010-2011 (2013). Ha publicado el libro de relatos Cuentos del Vraem (2017) y el poemario El cautivo de blanco (2018). Tiene diversas publicaciones literarias en antologías, revistas y diarios. Actualmente cursa la Maestría en Escritura Creativa de la UNMSM.