El Concepto de Desarrollo en Antropología

El desarrollo es un concepto clave en la cultura y filosofía occidentales (cf. Nisbet 1969; Williams 1985) que figura en la antropología de dos maneras diferentes. En su sentido más amplio, la idea de “desarrollo” fue central para el evolucionismo social del siglo XIX, que retrataba la historia humana como una progresión de desarrollo unilateral desde los niveles “salvajes” y “bárbaros” de la evolución social hacia el estatus “civilizado” representado por el Occidente moderno. A partir de mediados del siglo XX, el término se ha referido sobre todo a un proceso económico más específico, entendido generalmente como la expansión de la producción y el consumo y/o el aumento del nivel de vida, especialmente en los países pobres del “Tercer Mundo”. En este segundo sentido, el término está especialmente asociado con los proyectos internacionales de cambio social planificado puestos en marcha en los años que rodearon la Segunda Guerra Mundial, que dieron origen a “agencias de desarrollo”,”proyectos de desarrollo” y, en última instancia, a “estudios de desarrollo” y “antropología del desarrollo”. Los dos usos del término se tratan normalmente por separado, pero para comprender cómo ha funcionado el concepto de desarrollo en la antropología es necesario considerarlos juntos, en su relación histórica.

Desarrollo y evolución

Los orígenes de la antropología como disciplina se remontan convencionalmente a finales del siglo XIX, y a figuras tales como Lewis Henry Morgan en los Estados Unidos y E. B. B. como “padre fundador”. Tylor en Gran Bretaña. La concepción dominante que estos pensadores elaboraron, y la idea clave que dio a la antropología su primitiva coherencia conceptual como disciplina, fue la idea de evolución social. Frente a las suposiciones comunes del siglo XIX de que los “salvajes”, como los aborígenes australianos o los nativos americanos, eran esencialmente tipos de criaturas diferentes a los europeos “civilizados” (la suposición racista), o ejemplos de degeneración, que mostraban cuán lejos de Dios y de la perfección original era posible que los miserables pecadores cayeran (una interpretación teológica que se remontaba a la Edad Media), los evolucionistas sociales insistían en que los “salvajes” y “civilizados”. Como Morgan lo puso en las líneas de cierre de Ancient -Society (1877:554):

Debemos nuestra condición presente, con sus múltiples medios de seguridad y felicidad, a las luchas, a los sufrimientos, a los esfuerzos heroicos y al trabajo paciente de nuestros bárbaros, y más remotamente de nuestros salvajes antepasados. Sus esfuerzos, sus pruebas y sus éxitos fueron parte del plan de la Inteligencia Suprema para desarrollar un bárbaro de un salvaje, y un hombre civilizado de este bárbaro.

El proyecto que esto implicaba para el nuevo campo de antropología era rastrear

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