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El Genocidio Desde La Perspectiva de la Antropología

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El genocidio fue establecido como un crimen de derecho internacional por la Convención de las Naciones Unidas sobre el Genocidio del 9 de diciembre de 1948. Los Estados contratantes se comprometieron a “prevenir y castigar… los actos cometidos con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso”.

Desde un punto de vista antropológico, este noble intento de criminalizar los actos de asesinato en masa no hizo más que añadir una serie de términos técnicos y jurídicos al estudio comparativo de la violencia política masiva. Y, en algunos sentidos, complica el estudio de este fenómeno. El término’ genocidio’ (formado por “Rafael Lemkin de los antiguos’ genos’ griegos o’ pueblo/grupo étnico’ y’ cide’ latinos’ -‘ matar’) surge de una noción de’ grupo humano’ arraigada en el pensamiento nacionalista y en las estructuras institucionales y políticas de los estados-nación.

Ahora está claro que Lemkin, un estudioso jurídico checo activista, había sido motivado a intentar y prevenir una amplia gama de actos de “barbarie” que, él creía, tienen paralelos en atrocidades similares a lo largo de la historia de la humanidad. Pero, en su obra más influyente (1944), expresó, en cambio, un horror particularmente moderno ante el crimen de destruir una comunidad del destino: un “pueblo como tal”, en el sentido de un grupo nacional o étnico, formado no por sus propios deseos y elecciones (como un partido político o un club de fútbol), sino por adscripción, ya sea por nacimiento o por el juicio de otros. Además, incluso esta definición restringida del asesinato en masa estaba, en su formulación final en la Convención, aún más limitada por las exigencias de la política internacional y los temores de los diversos Estados signatarios de la Convención de que sus dirigentes o agentes pudieran ser acusados algún día en virtud de sus disposiciones. Si tomamos la estricta comprensión jurídica del término entonces, no existe tal cosa como una “antropología del genocidio”, ya que la categoría debería ser objeto de análisis, no una herramienta de análisis.

En este sentido, no debería sorprender que una contribución importante de la antropología al estudio del sacrificio masivo haya sido la demostración de que una definición restrictiva del genocidio y un modelo engañoso de cómo ocurre bloquea tanto el análisis como la transformación de la comprensión académica en política. Así, fue un antropólogo quien señaló que durante las guerras de disolución yugoslava (1992-5) los comentaristas se vieron obstaculizados por un modelo de “genocidio” como la ejecución de “un plan global” (escrito o no) para el exterminio de un pueblo. Este modelo de “holocausto” oscureció la estrategia genocida seguida por Franjo Tudjman y Slobodan Milosevic contra la población musulmana bosnia. La “organización de franquicia” adoptada por los líderes croatas y serbios se veía tan diferente de los procedimientos adoptados después de la conferencia de Wannsee – la matanza a escala industrial, perseguida con regularidad burocrática – que los comentaristas eran incapaces.