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El SIDA Como Generador de Importantes Cambios Sociales, Culturales y Políticos

SIDA genera importantes cambios sociales y culturales

Probablemente más que cualquier otra enfermedad en el mundo contemporáneo, el SIDA ha revelado y precipitado importantes cambios sociales, culturales y políticos en la sociedad en general, así como en la ciencia y la medicina en particular. Como tal, ha sido un reto para los antropólogos, que han tenido dificultades para situar su trabajo en relación con la epidemia. Durante la primera década en particular, su actitud osciló entre la mera falta de interés y la participación acrítica como activistas, mientras que su compromiso en el continente africano a menudo se ha renovado con un culturalismo caricaturizado, a veces teñido de prejuicios raciales. A partir de la segunda década, a la inversa, se han desarrollado nuevos enfoques, explorando la economía política de la enfermedad, movilizando paralelismos históricos con otras plagas, incorporando perspectivas de los estudios sociales de la ciencia y proponiendo etnografías innovadoras.

Para comprender el impacto de la epidemia tanto en las sociedades como en las ciencias sociales, se necesitan algunos datos fácticos. El Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida, más conocido bajo el acrónimo SIDA, es una inmunodeficiencia severa debida a la infección por el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH). Los primeros casos de la enfermedad, en ese momento no identificados como tales, fueron reportados en EE. UU. en 1981, pero los estudios retrospectivos han mostrado que condiciones clínicas similares ya se habían descrito a principios de los años cincuenta. La epidemia se propagó drásticamente en los dos decenios siguientes, alcanzando tasas de incidencia particularmente elevadas en el continente africano. De los 33 millones de personas que vivían con la enfermedad en 2007, dos tercios se encontraban en África. Ese mismo año, 2,7 millones de personas contrajeron la infección y 2 millones murieron, en su mayoría adultos jóvenes, con la consecuencia de que 12 millones de menores de 18 años han quedado huérfanos. En el África meridional, que es la región más gravemente afectada de la región, con casi el 40% de la mortalidad mundial, las tasas de prevalencia han alcanzado el 30% en determinadas zonas y se ha estimado que algunos grupos han disminuido la esperanza de vida a 20 años.

En este contexto, el SIDA puede ser analizado como una crisis epidemiológica, no sólo desde la perspectiva de las cifras trágicas que se acaban de evocar y de sus consecuencias críticas para las políticas públicas, sino también etimológicamente como una crisis en el discurso (logos) sobre la epidemia. Aunque los especialistas no comprenden bien las razones de la propagación diferencial de la infección -en su mayor parte limitada a grupos expuestos como las comunidades homosexuales o los usuarios de drogas intravenosas en el mundo occidental, ampliamente difundida por toda la sociedad del Tercer Mundo-, ha sido objeto de numerosas interpretaciones basadas en opiniones morales, condenas religiosas, prejuicios culturales, ideas raciales y sentido común que se encuentran no sólo en la opinión de los legos, sino también entre médicos, biólogos, epidemiólogos e incluso entre médicos y epidemiólogos. SIDA ha