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La Perspectiva Antropológica de la Emoción

La Perspectiva Antropológica de la Emoción - antropologia-cultural - antropologia cultural de bolivia

La relación entre emoción y organización social ha sido una preocupación teórica en antropología desde que Durkheim hizo que los sentimientos fueran cruciales para la constitución de la sociedad. Pero es sólo en las últimas décadas que los antropólogos han hecho de la emoción un foco de estudio por derecho propio, explorando cuestiones como la universalidad de las emociones “básicas” y la validez transcultural de las categorías psicológicas occidentales. Los teóricos de la cultura y la personalidad de una generación anterior se preocuparon por las formas en que las emociones se estandarizaron y dieron a sociedades particulares sus fethos característicos y tipos de personalidad. Por ejemplo, en un estudio de colaboración pionero, Bateson y Mead argumentaron que las rutinas altamente coreografiadas de la vida cotidiana en Bali condujeron a una obsesión con el correcto desempeño de los roles públicos y un miedo a “deslizarse” que Bateson comparó con la ansiedad de un caminante de cuerda floja (Bateson y Mead 1942). Las prácticas ambivalentes de las madres balinesas en la crianza de los hijos crearon una disposición de por vida a la abstinencia emocional o la blancura, a menudo manifestada en trance, que Mead comparó con el comportamiento de los pacientes “esquizoides” en Occidente. La teoría pretendía explicar las formas culturales así como el desarrollo psicológico: rituales y dramas de templo funcionaban para expresar y calmar la ansiedad socialmente inducida.

Tales estudios, aunque ejemplares en sus detalles, fueron descuidados en la aplicación del marco de la psicología anormal (occidental), y tomaron en gran medida la naturaleza de la emoción por sentado. El trabajo reciente, en cambio, se ha unido a la psicología y la filosofía en un replanteamiento fundamental de la definición y constitución de la emoción.

Enfoques rivales al análisis de la emoción

Simplificando, podemos distinguir tres posiciones básicas en las ciencias humanas: 1 Las emociones son ampliamente iguales en todas partes, son hechos naturales, un producto de la evolución que nos equipa para responder eficientemente al peligro y a la oportunidad. Afortunadamente, los términos ingleses que usamos pueden definirlos adecuadamente. La expresión de las emociones podría diferir entre culturas (están sujetas a lo que Ekman llama “reglas de exhibición”: cuándo sonreír, cómo llorar), pero debajo de ellas son las mismas. Esta posición de sentido común, que sigue siendo la visión de algunos antropólogos, encuentra una justificación sofisticada en la psicología evolutiva.

2 Las emociones básicas (generalmente identificadas como ira, miedo, disgusto, alegría y tristeza) son las mismas en todas partes, dependiendo de mecanismos similares de valoración (reconocimiento instantáneo del peligro o amenaza) y de la respuesta corporal (tensión muscular, señales faciales). Pero las emociones también están sujetas a cambios culturales, y las “emociones sociales” más complejas, como la vergüenza y la culpa, son altamente maleables. Los diferentes sistemas sociales plantean diversas exigencias a las personas, desarrollando o minimizando partes específicas del registro emocional. Las personas en diferentes culturas llevan vidas emocionalmente diferentes, b