Menstruación, Sexo y Ritual en las Diferentes Sociedades Humanas

Las hembras menstruadas humanas considerablemente más copiosamente que cualquier otro primate. Desde que la ovulación en el caso humano se ha ocultado, este sangrado es uno de los pocos indicadores de fertilidad que ha permanecido detectable externamente. Esto puede ayudar a explicar la extraordinaria atención que se le presta en prácticamente todos los cazadores-recolectores y otras culturas tradicionales.

Biológicamente, el sexo alrededor del período menstrual es posible y agradable. Sin embargo, la mayoría de las culturas tratan las relaciones matrimoniales en esos momentos como altamente cargadas de riesgo. Recientemente, a los menstruantes también se les prohíbe cocinar carne, tocar las armas de caza de los hombres o permitir que el sol brille sobre ellos. Las mitologías de Levi-Strauss (ver especialmente 1978) se ocupan en gran medida de estos temas. Los cuentos de hadas europeos como The Sleeping Beauty se centran en la potencia hechicera del flujo de una chica. Cuando las mujeres están fuera de circulación, la mitología coloca también a la luna en su fase oscura y aislada. Entre los Barasana amazónicos,’ la mitología dice que la luna copula con las mujeres menstruantes y que durante un eclipse de luna, llamada “luna moribunda”, la luna se convierte en una pequeña bola roja de sangre menstrual que llega a la tierra y llena la casa y sus objetos’ (Hugh-Jones 1979).

Tal es la potencia ritual de la menstruación que sobre gran parte de Australia, los hombres se sometieron a una operación genital (“subincisión”) que les permitía sangrar en ocasiones rituales. Las contrapartes en otras partes del mundo abundan. Dondequiera que la “menstruación masculina” sea central para el ritual de iniciación, los mitos la atribuyen a un héroe cultural que violentamente robó tales secretos de las mujeres (Knight 1983;1991).

Las mujeres de Kalahari San son ritualmente las más poderosas cuando menstrúan, y usan este poder para obtener la carne tan deseada. Una chica en reclusión es metafóricamente un animal de caza sangrante y herido; en su cabaña especial, es sexualmente inviolable – sólo tiene que chasquear los dedos para derribar un rayo. Mientras están aisladas, otras mujeres bailan alrededor de ella, pantomimando el comportamiento de apareamiento del antílope. Este’ Eland Bull Dance’ estimula a los hombres al éxito en la caza (Lewis-Williams 1981).

Esto ilustra que los tabúes menstruales no están necesariamente enraizados en el patriarcado. De hecho, hay evidencia de que danzas alegres como las de los San una vez fortalecieron a las mujeres estructurando la primera división sexual del trabajo. En vez de ganar carne persiguiendo a los cazadores machos, en este punto de vista, las primeras mujeres culturalmente organizadas hicieron que la carne se moviera. Hicieron esto al negarse a tener relaciones sexuales hasta que los hombres trajeron sus asesinatos a casa, usando su sangre para mostrar su solidaridad y desafío (Knight 1991).

http://what-when-how.com/social-and-cultural-anthropology/methodology-anthropology/”

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