La Farmacéutica desde la Perspectiva Antropológica

Los antropólogos han explorado los usos de las sustancias medicinales durante muchas décadas, pero principalmente con un interés en cómo las tradiciones curativas no biomédicas emplean remedios herbales. Una “antropología de los productos farmacéuticos” -definida como el estudio etnográfico de los medicamentos fabricados en masa- no ha surgido hasta finales de los años ochenta. Los productos farmacéuticos son cosas fascinantes porque conectan las prácticas de una industria global con experiencias subjetivas de curación, transacciones entre prescriptores y pacientes, contradicciones entre el autocuidado y la mercantilización de la salud, cambios en los límites entre lo normal y lo patológico, patentes y propiedad intelectual, reivindicaciones legales y éticas de la salud como un derecho humano, normas competitivas de “mejor evidencia”, y las políticas regulatorias de instituciones nacionales e internacionales.

La razón principal del retraso de la antropología en la atención a los productos farmacéuticos fue su tendencia hacia la diferencia exótica. Las píldoras, tabletas e inyecciones biomédicas producidas en masa se utilizan tan ampliamente que parecían demasiado familiares: los productos farmacéuticos se toman principalmente para lograr una salud “normal” y no estados extraordinarios de la mente y el cuerpo; carecen del encanto de las plantas medicinales tradicionales, los minerales y los productos animales; y sus usos no suelen ritualizarse de ninguna manera sorprendente. La búsqueda de diferencias culturales sigue orientando los enfoques antropológicos en el sector farmacéutico: los usos irracionales e irregulares de los medicamentos, medidos con arreglo a las normas biomédicas de las mejores prácticas, siguen siendo un tema clave, especialmente para los antropólogos que trabajan en la investigación aplicada en salud.

Una antropología de los productos farmacéuticos tomó forma cuando se evitó hacer hincapié en los usos irracionales en favor de un compromiso mucho más amplio. En lugar de mirar sólo a los usos de los pacientes, la trayectoria completa de los productos farmacéuticos fue llevada a la vista, desde el desarrollo farmacológico, la fabricación, la comercialización, la distribución, la prescripción y el consumo, hasta las evaluaciones de la eficacia y las regulaciones estatales (Whyte et al. 2002). Esto también atrajo nueva atención sobre cómo se producen industrialmente los medicamentos más allá de la “biomedicina” (por ejemplo, ayurvédica o china) (Bode 2008), o cómo las corporaciones farmacéuticas multinacionales recurren al conocimiento farmacológico tradicional (Hayden 2003).

Se pueden distinguir dos formas de compromiso con los productos farmacéuticos: una pregunta cómo las drogas marcan la diferencia en las relaciones sociales (“sociotropía”); la otra pregunta cómo la incrustación social de las drogas está afectando al cuerpo (“somatotropía”). Un ejemplo para la perspectiva sociotropica es el concepto de “farmaceúticización”, que critica la reducción de los problemas sociales complejos a soluciones farmacéuticas aparentemente simples (Nichter 2008). La comercialización de medicamentos ha sido objeto de gran escrutinio, especialmente cuando se dirige directamente a los consumidores o aborda crisis socioeconómicas (Applbaum 2004; Lakoff 2005).

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