La Moda Desde la Perspectiva Antropológica

La moda,  se convirtió en un tema de creciente interés por la antropología a mediados de los años ochenta desde que un número sin precedentes de antropólogos han tratado de comprender los procesos de transformación social, cultural e histórica a través del estudio de formas y prácticas de vestir cambiantes. La ubicación de la vestimenta en los bordes del cuerpo, mirando tanto hacia adentro como hacia afuera; su capacidad de moldear el cuerpo al ser desprendible del mismo; su portabilidad; y su lugar en complejas cadenas de producción, distribución y consumo la han convertido en un medio rico para el estudio de las dimensiones simbólicas y materiales de la autoformación, la interacción cultural, las relaciones hombre-objeto y los procesos de globalización.

Los antropólogos se han preocupado menos por las definiciones de moda que por entender las prácticas de vestuario dentro de un marco transcultural y transnacional. Algunos usan el término moda para referirse al sistema distintivo para la producción, comercialización, representación y uso de ropa que surgió en el Occidente moderno, y desde entonces ha extendido su alcance alrededor del mundo con la expansión global del capitalismo. Sin embargo, muchos antropólogos usan el término más ampliamente para referirse a los gustos cambiantes en la indumentaria y a los procesos de comparación, emulación y diferenciación que fomentan o desalientan el cambio en diferentes contextos históricos y culturales. Algunos argumentan que si la búsqueda del auto-mejora a través de la ropa y el adorno es universal, entonces también lo es la moda. Cualquiera que sea la definición empleada, la mayoría de los antropólogos contemporáneos concuerdan en que la suposición, hecha comúnmente por historiadores de la indumentaria, sociólogos y antropólogos de generaciones anteriores, de que las tradiciones de la indumentaria en las sociedades preindustriales de pequeña escala eran estáticas e inalterables es infundada, reproduciendo dicotomías insostenibles entre modernidad y tradición, lo global y lo local, Occidente y el resto.

El compromiso con la historia ha sido central para los nuevos enfoques antropológicos. Los estudios de los encuentros transculturales en África y Asia del siglo XIX ponen de relieve cómo las ideas de civilización y modernidad se plasmaron en los códigos de vestimenta y vestuario de los imperialistas y misioneros que intervinieron en las prácticas locales de vestimenta a través del comercio, las regulaciones suntuarias y la educación. Tales estudios exploran cómo se desarrollaron las ideas de poder y resistencia a través de los cuerpos de los colonizadores y colonizados, demostrando cómo los pueblos locales se apropiaron de las modas extranjeras en diversos grados como parte de las estrategias individuales y colectivas de autodefinición y como un medio para aumentar la eficacia y el poder (Comaroff 1996). Mientras que la mayoría de los antropólogos anteriores tendían a asumir la pasividad de los pueblos colonizados a los que se les impuso la vestimenta e ideologías occidentales, muchos antropólogos contemporáneos, aun reconociendo las relaciones de poder desiguales, señalan a la agencia

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