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¿Qué es la Antropología Feminista?

la antropologia feminista una rama interesante

La antropología feminista se ocupa de examinar críticamente las relaciones entre mujeres y hombres e investigar cómo el género, la encarnación y la sexualidad se producen a través de complejos enlaces de poder que implican ideologías e instituciones sociales. En cada etapa de su desarrollo teórico, se ha comprometido a analizar las intersecciones entre lo simbólico y lo material, investigando cómo se aprovechan las representaciones culturales de la economía política.

Una de las principales fortalezas de la antropología feminista radica en su compromiso con formas de’ conocimiento situado’ (Haraway 1988:581) basadas en un reconocimiento abierto del carácter limitado y provisional de la producción de conocimiento. Esto ha sido evidente desde los inicios del trabajo en la década de 1970, que se centró en la condición de la mujer en la disciplina, tanto como practicante como objeto de investigación, y demostró cómo el prejuicio masculino era un producto tanto de la demografía de la pertenencia a la disciplina como de los tipos de preguntas y modos de investigación que se consideraban apropiados (Reiter 1975). Sin embargo, esta crítica de las categorías y métodos disciplinarios no podía resolverse simplemente “añadiendo mujeres”, empleando a antropólogas para recopilar datos etnográficos sobre las mujeres en diferentes culturas (Moore 1988:3). La exclusión de las mujeres fue también producto de modelos masculinos dominantes en las culturas específicas estudiadas, de su silencio relativo e invisibilidad frente a los hombres en sus propios contextos (Ardener 1975).

La aparición del género

El reconocimiento de la asimetría sexual planteó el tema de la dominación masculina y la subordinación femenina y de cómo debía explicarse la posición de la mujer. ¿Era algo universal? ¿Fue el resultado de la asociación de las mujeres con lo doméstico en contraposición a la esfera política de la vida, sus roles en la reproducción y el cuidado de los hijos, o se relacionó con la construcción simbólica de las mujeres y su asociación con el dominio de lo natural en contraposición a la esfera de la cultura (Rosaldo y Lamphere 1974)? Diferentes académicos tomaron posiciones diferentes sobre estas cuestiones, y a medida que el debate continuó y se desarrolló, algunos cuestionaron la presunción de la subordinación universal de las mujeres, ubicando su crítica dentro del sesgo occidental de las relaciones jerárquicas entre hombres y mujeres (Reiter 1975), y otros inspirados por análisis estructuralistas continuaron explorando cómo las oposiciones binarias asimétricas, como la naturaleza/cultura, lo público/privado, podrían iluminar las regularidades transculturales en la construcción y valoración del género. Fue en el contexto de estos debates que los eruditos feministas dentro de la disciplina comenzaron a elaborar la distinción entre sexo y género. La formulación temprana de Gayle Rubin de esta distinción intentó formar