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La Película Etnográfica

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Cualquier consideración del lugar que ocupa el cine en la teoría y la práctica antropológicas debe tener en cuenta dos factores contextuales: primero, su lugar dentro de la subdisciplina más amplia de la antropología visual, donde debe ser visto como un medio de representación visual que comparte mucho en común con otras formas de representación visual empleadas por el antropólogo (fotografía, diagramas) y formas empleadas por el sujeto antropológico (fotografía, vídeo, arte y decoración); y segundo, su lugar dentro de muchas culturas como una forma de arte que comparte mucho en común con el drama y la literatura.

Las llamadas películas etnográficas tienen, pues, dos aspectos: el documental o etnográfico y el artístico o cinematográfico. Por supuesto, el cine comparte esta dualidad con otros modos de representación como la escritura y la oratoria; Sin embargo, mientras que la mayoría de los textos escritos u orales empleados en la enseñanza o investigación antropológica -como monografías publicadas, documentos de seminarios y conferencias- son producidos por antropólogos que dan poca importancia a sus cualidades “artísticas”, muchas películas etnográficas son producidas por cineastas profesionales que otorgan al menos tanto valor a las cualidades cinematográficas de sus películas como a las etnográficas. En su obra pionera Ethnographic Film. (1976), Karl Heider sostiene que el componente documental o etnográfico de una película etnográfica debe tener siempre prioridad sobre el cinematográfico, de modo que, por ejemplo, una película que esté ligeramente desenfocada debería incluirse en una película si es esencial para una comprensión etnográfica holística. Sin embargo, es evidente que muchas de las películas etnográficas más conocidas y mejor distribuidas, como las del cineasta estadounidense Robert Gardner (que colaboró con Heider en la realización de Dead Birds (1963), una película sobre la guerra local entre el pueblo danés de Irian Jaya) son apreciadas tanto por sus cualidades cinematográficas como por sus cualidades etnográficas. El posible conflicto entre estos dos intereses ha provocado mucho debate y cierta confusión.

Breve historia

Al igual que con la fotografía, los antropólogos han utilizado el cine en movimiento como medio de grabación (el aspecto documental) desde el principio del proyecto antropológico moderno. Apenas tres años después de que Louis Lumiere lanzara la primera cámara portátil de cine móvil en 1895, el antropólogo británico A. C. Haddon llevó una de ellas a las Islas Torres Straits en la costa norte de Australia como herramienta para su influyente expedición. Para 1901, Baldwin estaba filmando bailes aborígenes en Australia, y durante los siguientes veintiún años, varias expediciones antropológicas fueron equipadas con una cámara fotográfica para documentar las costumbres y hábitos de los nativos. Una nueva dirección fue tomada en 1922 cuando el explorador y cineasta estadounidense Robert Flaherty lanzó públicamente su influyente Nanook of the North. Irónicamente, 1922 es visto por muchos como el año en que la diversión británica