¿Qué es la Sociedad Civil?

Derivado de las societas civiles latinas, este concepto data del Renacimiento y fue desarrollado en la obra de filósofos como Ferguson en el siglo XVIII y Hegel y Marx en el XIX. Sin embargo, estos usos más antiguos, no prominentes en la antropología de la Ilustración, casi han desaparecido en la disciplina moderna (una excepción interesante es la discusión de Lawrence Krader sobre el surgimiento de la sociedad civil con referencia a los modos marxistas de la teoría de la producción; ver Krader 1976).

Resulta curioso que, justo cuando muchos decían que el concepto general de sociedad era obsoleto, la variante más específica de la sociedad civil, cargada con todo el peso acumulado de siglos de debate intelectual europeo, pareciera de repente pertinente para la antropología sociocultural. El redescubrimiento de este término tuvo mucho que ver con su hábil despliegue por parte de los disidentes en Europa Oriental en los últimos años del bloque soviético, pero también con los fracasos del desarrollo en los estados postcoloniales del Tercer Mundo y la creciente importancia del “tercer” o “sector voluntario” en los países más ricos del mundo. En cada uno de estos contextos la sociedad civil ha llegado a ser definida principalmente en oposición al Estado (una dicotomía introducida por “Hegel, que utilizó el término biirgerliche Gesellschaft”).

Las definiciones estándar se refieren a toda organización social humana entre el estado y la familia o el hogar, mientras que las definiciones más estrechas excluyen los mercados y la vida comercial (Layton 2006).

Al igual que los sociólogos y politólogos, los antropólogos han sido atraídos por el encanto emancipatorio de esta idea, teorizado por “Gramsci (más famoso en sus cuadernos de prisión), por” Karl Polanyi (que prefirió el concepto de’ sociedad activa’ en el desarrollo de su teoría del’ movimiento doble’) y por “Habermas (que más tarde usó los angliciados”). Los antropólogos han contribuido poco a los debates teóricos generales. Unos pocos simplemente tomaron el término como etiqueta, mientras continuaban haciendo lo que siempre habían estado haciendo. Pero otros han seguido explorando de manera innovadora cómo una idea originada en la Europa preiluminada podría extenderse a lugares como el África postcolonial. Por un lado, documentaron nuevos imaginarios y mostraron cómo se invocaba la retórica de la sociedad civil en relación con otros términos modernos, como la ciudadanía; por otro lado, investigaron si determinadas instituciones locales podían funcionar como equivalentes no occidentales de una sociedad civil libre y tolerante (Comaroff y Comaroff 1999).

La carga normativa fue siempre considerable. Al final del siglo, hubo un creciente entusiasmo por la idea de una “sociedad civil mundial”. Al mismo tiempo, casi todos los comentaristas, incluyendo algunos de los que lo recomiendan con más fervor, como “Ernest Gellner (1994)

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